Kim

Empiezo a sentir admiración por Kim Kardashian. Hace unos días, pasé por un puesto de revistas y la vi en la portada de Vogue, la publicación fashionista más prestigiosa del mundo. Me paré a la altura de la imagen en el estante y me fijé en su mirada.

Me sorprendió una mujer valiente y satisfecha por haber alcanzado sus objetivos en la vida; incluyendo, posar para una revista en la que nadie se la imaginó.

Fueron muchos los escandalizados que criticaron a Vogue. Aseguraban que la Kardashian es una antítesis del buen gusto y no merecía aparecer en la publicación. Algunos hasta amenazaron con cancelar su subscripción.

Kim por su parte, estallaba de felicidad y escribió en las redes sociales: “¡¡¡Este es un sueño hecho realidad!!! ¡Gracias Vogue Magazine por esta portada! Oh, diossssss!!! No puedo ni respirar!”.

Tomé un tiempo para reflexionar sobre la situación. Cerré los ojos por unos minutos y me fui en uno de mis viajes de Pop Corn. Tuve un sueño lúcido en el que yo era Kim.

En el sueño, celebraba el éxito de la portada con mis amados. Me sentía plena, pero también, experimenté el mal sabor de la crítica y el odio de los adversarios. De pronto, aún en trance, estaba en algún Talk Show.

La presentadora, me preguntó: Kim, hay una gran controversia en torno a la portada de Vogue. Muchos te critican; ¿qué piensas de ellos?

Miré directo a la cámara y contesté: “Entiendo que algunos se molesten por mi éxito. Me critican porque, según ellos, no tengo talento alguno para llegar a donde estoy. A mis enemigos les tengo un consejo: establezcan una meta incansable y síganla. Así, no sentirán tanto coraje ni envida cuando me vean triunfando”.