El salto al vacío

Hoy, después de un tiempo en paz, volví a sentir miedo. Me desperté de madrugada sin poder respirar y empapada en sudor. Como una aparecida, me sorprendió la misma pregunta de antes: “¿Qué carajo estás haciendo con tu vida?” Y una ola de pensamientos me enterró en lo profundo.

¡Miedo, maldito miedo! Miedo a no saber si lo estoy haciendo bien; miedo a que los ahorros se esfumen antes que mi proyecto; miedo a que pasen los años y no encuentre al indicado; miedo a que la menopausia se le adelante al hijo que no quiero; miedo a la arruga nueva en mi frente; miedo a equivocarme de nuevo y terror a ser alguien mejor.

Estoy cansada de pelear contra él y que me deje convertida en una fracción de mí. A nadie engaño. Hoy cumplo 35, pero sigo siendo aquella adolecente asustada que no sabe qué, cómo ni para qué.

Envidio a los que parecen tan seguros de todo. Esos que se levantan con despertador y no por un ataque te pánico. A los que producen durante un turno, regresan a sus casas a ver televisión hasta el sueño y en la mañana vuelven a la carga sin la tortura de la incertidumbre.

¿Por qué no puedo ser como ellos? Sería más fácil. Todo es culpa de la ‘cheerleader’ que vive en mi cabeza porreando: “Tú puedes-Aguanta-Falta poco”.

¿Poco para qué? ¡Para volverme loca! Por su culpa abandoné al amor de mi vida y un empleo con beneficios. Fue ella la que me convenció de construir una casa y aislarme hasta quedarme sola como una gota antes de fundirse en el aterrador océano.

Esa voz solo me ha traído problemas. No debería escucharla; si no fuera porque sus palabras saben a insaciable paz. La misma que perdí hoy, pero que recupero cuando me consuela con su discurso amoroso:

“Tranquila. Todo pasa; todo va a estar bien. Ya conoces el ciclo. Respira. Solo aparece cuando te atreves a soñar, pero no le hagas caso. Recuerda lo que vistes en sus ojos la última vez. Está más asustado que tú; sabe que sus días contigo están contados.

Vamos, usa su fuerza para llenarte de coraje. Solo necesitas una pizca más. Pronto estarás lista para dar el tan esperado salto al vacío y cuando esta gota se funda en el vasto e infinito océano de la Verdad, no habrá vuelta atrás. ¡Fluye!”.

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