Aprendiendo a ser más bicha que cool

¿Quién puede llevarme a tal sitio? Yo ¿Quién recoge los regueros tras el party? Yo ¿Quién se queda escuchando al baboso solo por no hacerlo sentir mal? Yo

Tengo el don de servicio incrustado en el ADN y muchas veces abuso realizando tareas indeseadas que me drenan emocionalmente. Ya estoy trabajando con el dilema. El primer reto ha sido quitarme la corona de Miss Congeniality para liberarme de la malacostumbre de dar a cambio de amor o aceptación.

Anoche, en una fiesta familiar, me puse a prueba. Resistiendo para no desbordarme con quehaceres fastidiosos. En cambio, me centré en disfrutar en consciencia, sin escapar con alcohol ni refugiada en la estación de comida; simplemente, fui yo con todas las consecuencias.

Resumen de la noche: baile, comí bizcocho de bodas y me reí muchísimo. Normal, pero a diferencia de otras ocasiones, no me eché la fiesta encima animando ni tratando de agradar a todos; no le reí los chistes necios a los necios, ni me fui a jugar con los niñitos para calmar los rumores de mi escaso instinto maternal.

Por primera vez en buen tiempo fui real y sobreviví para contarlo. Es más, la pasé muy bien y hasta me gustó que el comentario oficial de la velada fuera: “Tú estás rara hoy” en vez del clásico: “Nena, ¿cuándo te casas?” que siempre resuelvo con una sonrisa de rubia bruta.

PLUS, hoy desperté sin la fatiga esa que me da por derrochar energía como si me hubieran contratado para ello; un logro para mí. ¡Ay Santo, creo que estoy madurando! #BienvenidaAlos35

img_8485