Cambios

Soy una cobarde. Nunca tomo riesgos lejos de la zona segura; menos si ponen en jaque mi libertad. Quizás por eso esta decisión me aterra tanto. Les describiría el terror que siento, pero se encuentra en un nivel desconocido para mí.

Mejor avanzo por las buenas, antes de que la Vida me empuje sin piedad para que transmute este miedo. Mientras tanto, estoy internalizando la responsabilidad que se aproxima con todas sus consecuencias. La decisión está tomada y caminaré a paso firme, porque ya atravesé la puerta de no retorno.

Alineando pensamiento, palabra y obra

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Llevo tres años subiendo este camino a pie para llegar a mi casa cada día. Hoy, al fin, iniciamos la construcción de una entrada apta para carros. No ha sido fácil tanta caminata, pues a veces voy cargada con paquetes bajo el sol del Sahara y otras, algún aguacero me sorprende a mitad del barro jabón y me tira cuesta abajo.

La última vez que hice una fiesta en casa, se zampó el diluvio de Noé y bajar a los invitados fue un parto. Desde entonces la familia no me visita. Al explicarles que aún no tenía el dinero para hacer el camino, sugirieron que le pidiera ayuda al alcalde; asegurando que si aprovechaba el año eleccionario, complacería mi petición sin dudar (ya saben, en el campo los políticos ganan simpatizantes bailando La Macarena o regalando asfalto).

Aunque el plan original era guardar dinero para tirar la entrada en cemento, la idea de ahorrarme unos miles me tentó. Camino a la Alcaldía me dio un no sé y desistí. En primer lugar porque es un descaro pedirle a este gobierno arruinado lo que no tienen y segundo, porque sería una hipocresía predicar empoderamiento y mendigar como si no tuviera poder propio.

Vestida de paciencia mientras ahorraba, recordé que el dinero no es el único obstáculo al que nos enfrentaremos en la vida. Steve Jobs, a pesar de ser millonario, recibió por años a la visita en el suelo de su sala, pues su obsesión con el diseño le dificultaba encontrar los muebles perfectos. El líder de Apple, nunca bajaba sus estándares, porque era de los que saben qué merecen y van tras ello.

Con esta actitud inicié esta mañana la construcción de mi entrada. Al recibir los materiales noté la diferencia real entre el asfalto que descarté y el cemento. Este último me recordará la sintonía que existe entre lo que pienso, digo y hago. Y no sé tú, pero yo prefiero llegar a casa con esa satisfacción

Una vida de atrás pa’lante

A la verdad que he vivido como me ha dado la gana:

  • Me retiré a los 24, justo cuando terminé la Universidad.
  • Empecé a viajar a los 25 y lo haré hasta los 60.
  • Tuve una casa libre de hipoteca a los 31.
  • A los 40 empezaré mi vida laboral (estoy en formación).
  • ¿Hijos?A los 36. ¿Marido? Ya veremos.
  • ¿Plan de retiro? No, me interesa. Cada día tiene su propio afán (pregúntale a los pajaritos).
  • Quisiera vivir cincuenta años más, pero si el día es hoy, me voy feliz.

 

 

Amigos

Ya sé que hace un unos días no les escribo, pero es que me agarró una mini depresión o algo así. Llegué de Boston muy decepcionada. Al parecer hay asuntos que aún me cuestan como, por ejemplo, romper una amistad.

Tengo pocos amigos. Escojo a los mejores que puedo, porque me gusta rodearme de personas más virtuosas que yo.

En la adolescencia, mi mejor amiga tenía trabajo y carro propio. O sea, ella era capaz de cubrir sus gastos, mientras yo rezaba porque a mami le sobrara algo de los cupones para poder comprarme una pizza con un Ice en algún punto del semestre.

Después me hice panita de un revolucionario sin miedo a decirle las verdades hasta al Presidente y de paso caerle bien. Yo que empecé a hablar los otros días. También, compartí con una mayagüezana capaz de conquistar al mundo. Fue ella la que me inspiró a viajar.

Tristemente, a todos les he dicho adiós (no siempre de la mejor forma). Cada uno se fue acomodando en la rutina lejos de sus sueños y perdimos sintonía; confirmándome que mi ruta no es el desvío.

Aún queda algo de apego en mí; tal vez por un tiempo más, pero en esta ‘depre’ he confirmado que grandes amigos vendrán y volveré, con alegría, a ser la menos virtuosa de todos.