Noticias de última hora

  • Estoy embarazada.
  • Tengo cinco meses.
  • Daré a luz en medio del monte.

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Tres noticias para las cuales mi familia no estaba preparada. Las anuncié el Día de los Padres, pero todos pensaron se trataba de una broma tardía del Día de los Inocentes. Nadie me creyó; quizás, porque apenas tengo panza y porque jamás nadie imaginó a la menos maternal de todas revelando que tuviera dos corazones palpitando dentro.

Ellos me conocen. Saben que ser madre es lo menos que quiero en la vida. Lo he repetido mil veces: los hijos son un estorbo mayúsculo en la vida de tantas mujeres, que tras embarazarse, pierden el brillo del rostro junto a sus sueños ante las supuestas ‘nuevas prioridades’.

Por temor a que me pasara lo mismo, consideré no tenerlo. Preparé una lista de justificaciones para descubrir un pedazo de papel tan egoísta como yo. La preocupación a perder la figura o a estropear mis vacaciones a México no era mayor que el poner en jaque a mi descarada libertad. No cambiaría ni el premio mayor por tal privilegio; ¿por qué hacerlo por alguien que ni conozco?

Hace mucho tiempo que planifiqué mi vida y tener un mocoso no me emocionaba más que hacer lo mío hasta que una mañana de abril partiera a dimensiones lejanas, pero cuando confirmé mi embarazo, con casi cuatro meses, me sentí tan viva como el día que escuché ‘Redemption Song’ por primera vez:

“Emancipate yourself from mental slavery,” because “None but ourselves can free our minds.”

La pregunta es: ¿y por qué no? Ya no soy la persona que hizo aquellos planes años atrás. Quizás es tiempo de burlarme de mis falsas creencias y hacer las paces con la palabra FAMILIA. Tenerl@ será lo más radical que haré en la vida. ¿No es allí donde radica el aprendizaje constante que siempre sacia a este corazón rebelde? ¡Vamos a ello!

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