Mi intención

De niña, escuché todas las bobadas que me decían los adultos: “Viajar es caro”. “Estudia y trabaja por si tu marido te sale flojo.” “Necesitarás crédito para comprar un carro”. Y por supuesto, “Si no te tomas la leche, Dios te castigará”.

Como buena cabecidura, cuestioné todos los argumentos: “Profesor, pero si empiezo a caminar, ¿no estaré viajando gratis”? “Abuelo, ¿quién te dijo que me quiero casar’’?; Titi, y si dibujo unicornios y vendo mis obras, ¿podré ahorrar para comprar un carro”? Mamá, si Dios es amor, ¿de verdad crees que me castigará por no tener hambre”?

Me creía Superman. En cambio, me entristecía ver a los míos, ceder ante las falsas creencias y renunciar a sus sueños. El miedo los hizo cobardes y complacientes. Creen que son lo que tienen, lo que deben, lo que hacen, lo que otros piensen de ellos o lo que el noticiero les diga.

Verlos sometidos me animó a hacer lo contrario. Quería demostrarles que su definición de la vida era mediocre, pero en el proceso aprendí lo duro que es construir el camino propio y sentí compasión.

Si eres de los que quieren un cambio y no saben por dónde empezar, en este blog comparto mi historia. Úsala como guía hasta que descubras tu ruta.