5 lecciones que aprendí del RebelHeartTour de Madonna

Entre luces, bailarines hermosos, gritos, sudor, y cerveza fría me fui en un viaje de Pop Corn durante todo el concierto. Esto fue lo que aprendí de esta experiencia:

  1. Que solo conozco cincuentonas aburridas.

 

“A los cincuenta eres una señora de su casa y no debes ponerte ropa florida porque te verás ridícula.” Eso me dijo mi tía una vez, pero ayer mientras veía a Madonna derrochando sensualidad por el escenario, con una flexibilidad de quinceañera, usando la ropa que le dio la gana y rodeada de bellezas, me cuestioné sus palabras. Parece que hay dos categorías de ‘señoras’ y ya sé a cual perteneceré.

 

  1. Que #ItsOkToBeDifferent

 

No hay problema en ser diferente. Solo los corazones rebeldes no le tienen miedo a expresarse. Bien lo dijo anoche Madonna: “Un RebelHeart es alguien con la valentía para luchar por lo que cree; consciente de que su batalla no es una ordinaria, sino una cargada de compasión y amor”.

 

  1. Que D + P = É

 

¡Disciplina y Paciencia, señoras y señores! Esa es la única ruta hacia el Éxito.

Cualquiera que ve a Madonna en tarima pensará que su presentación le salió porque sí. No imaginan los días de ensayo, las horas de entrenamiento y el tiempo que requiere cuidar cada detalle para acercarse a la perfección. Son pocos los que logran mantener el enfoque como lo ha hecho ella por décadas. No por casualidad es la Reina el Pop.

 

  1. Que necesito nuevas amistades.

 

Ok. Poseer dos de los mejores boletos para el concierto de esta diva y tener buscar un acompañante a través de un concurso en Facebook , porque no quieres ir con ninguno de tus panas es prueba suficiente de que necesitas nuevas amistades. Acepta que ya no están en tu sintonía y supéralo, querida misma.

 

  1. Que la vida hay que vivirla Like a Virgen

 

Algunos estaban rabiosos por lo mucho que tardó la cantante en comenzar su presentación. Para no amargarme, por asuntos que no puedo controlar, decidí pasar la experiencia con actitud de teenager. Aproveché la espera para disfrutarme cada detalle como cuando hacía algo por primera vez. So much fun!

No entiendo

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Que alguien me explique, ¿por qué el nacimiento de un hijo causa tal alegría? Lo pregunto en serio.

“Oy nació Damgizel!!!!”, publicó el estrenado padre en Féisbuk. Sí, con ese nombre el niño hizo su debut en la vida. También, le tocó un papá que no sabe poner una ‘H’ en su lugar. Pobrecito.

La noticia llegó con la foto del recién nacido, que sin exagerar, tiene más cara de Gremlin que de humano. Y no lo digo porque es un clon de la madre, sino porque no le dieron bréik a que le bajara la hinchazón cuando lo engancharon en las redes sociales.

*(Pregunta seria antes de continuar: ¿habrá un lugar más cundido de hipócritas que la sección de comentarios de FB? No creo. Continuo).*

En segundos los ‘amigos’ se desbordaron en felicitaciones y halagos para la criatura. “Está belloooooooo!!!” “Salió criao’!!!!!!” “Bendiciones!! BTW está brutal esa ropita!!!, ¿de Gap???” “Que Dios y su ejército lo protejan siempre!!!!” Y otras cursilerías con muchos signos de exclamación.

El padre debe andar con el ego infa’o, pues nunca recibió tantos Likes. Seguro que hasta los que leen sus publicaciones con cara de asco se animaron a levantarle el pulgar. Claro, como saben que se acabó de joder. Pobrecito.

Me llama la atención que los más felices con la noticia siempre son los abuelos. Al parecer, ignoran la alta probabilidad de que la criatura salga igual de mediocre que los anteriores del árbol genealógico. Repitiendo así un patrón sin evolución del que no son conscientes.

Tengo cierta sensibilidad para detectar mediocridad en el ambiente, pero como uno nunca sabe cuando tenga de frente una mutación genética (a lo X-Man), trato de ser optimista si un infante anda cerca. El problema es que, casi siempre, miro a mamá y a papá y luego al niño. Por si acaso, vuelvo a mirar y… ya saben. Pobrecito.

Hay tantos padres estorbando en este País como hoyos en las carreteras. Están los mantenidos del Gobierno, cuya misión es reproducirse como guimos para recibir más ‘beneficios’. Los diplomados sin educación que viajan una vez al año a Disney. Los que iban a ser millonarios con sus inventos, pero terminaron inscribiéndose al ARMY por falta de oportunidades. (¡Mienten, Julia de Burgos!)

Sobran los que pasan más tiempo en el celular que con su bebé. Están las madres que coleccionan Charms y pantis de Victoria Secret. Las que teniendo un potencial infinito, se quedaron criando, viendo novelas y comiendo chucherías, mientras sus maridos triunfan.

También, las que sin conocerse aún, deben enseñarle al nuevo integrante cómo hacerlo. Las que no se ganaron ni una cinta en Participación, pero le exigen trofeos a sus hijos para colocarlos en la galería de las apariencias de Instagram.

Están las supuestas revolucionarias que nunca levantaron la voz para dejarnos saber su existencia, hasta ahora que son madres de una ‘genio’ y sienten el deber de informar cada evento histórico: “Sol de Borinquén, ¡ya hace popó más durito!”. (Ya veo de donde sale tanto engreído).

Qué me dicen de los padres con hijos de la amante; de las jevas que le parieron a un tipo para garantizarse una buena tajada mensual o las miopes que no vieron lo imbécil que era el hombre que las embarazó.

(**Advertencia: Cualquier parecido con algunos de mis amigos no es pura casualidad. Repito, NO es pura casualidad).

Para colmo, la mayoría de estos niños son hijos no deseados. “Disculpa Grey, pero Adrian Luis es lo mejor que me ha pasado desde el día uno”. ¡Embustero! Sabemos que fue un ‘oops’ de una noche de bellaquera. Estúpido, como si en Puerto Rico no hubiera una farmacia llena de condones en cada esquina.

*(Perdón, me acaloré. Necesito una Piña Colada).

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¡Claro que hay nacimientos que me alegran! Como las historias de padres que esperaron a realizarse o los jóvenes que se volvieron mejores personas al enterarse de la inesperada noticia.

Por ejemplo, hace unos días escuché una entrevista que le hicieron a un músico. El artista contó que a los treinta y pico perdió las esperanzas de convertirse en papá. Llevaba años tratando de la misma forma que intentaba alcanzar la fama, pero nada pasaba.

Cuando más desanimado se encontraba, supo que su esposa estaba embarazada. Enseguida, el joven se llenó de coraje para echar pa’lante. A diferencia de lo que le aconsejaron, no fue en busca de un trabajo 8 a 5; sino que se animó a meterle duro a su sueño de ser cantante.

Tras nueve meses tuvo una niña y al poco tiempo, llegó el éxito profesional. Lo que admiro del tipo es que caminando hacia la meta, se convirtió en el mejor modelo de superación para su hija y para todos nosotros. Imagínense, ahora dice que se siente feliz… ♫un poco loco, pero feliz♫.

Estos son los nacimientos que yo celebro. Al padre de Damgizel, ya no tengo ganas de decirle nada. Posiblemente, está haciéndose un selfie desde el tapón. Pobrecito.

Kim

Empiezo a sentir admiración por Kim Kardashian. Hace unos días, pasé por un puesto de revistas y la vi en la portada de Vogue, la publicación fashionista más prestigiosa del mundo. Me paré a la altura de la imagen en el estante y me fijé en su mirada.

Me sorprendió una mujer valiente y satisfecha por haber alcanzado sus objetivos en la vida; incluyendo, posar para una revista en la que nadie se la imaginó.

Fueron muchos los escandalizados que criticaron a Vogue. Aseguraban que la Kardashian es una antítesis del buen gusto y no merecía aparecer en la publicación. Algunos hasta amenazaron con cancelar su subscripción.

Kim por su parte, estallaba de felicidad y escribió en las redes sociales: “¡¡¡Este es un sueño hecho realidad!!! ¡Gracias Vogue Magazine por esta portada! Oh, diossssss!!! No puedo ni respirar!”.

Tomé un tiempo para reflexionar sobre la situación. Cerré los ojos por unos minutos y me fui en uno de mis viajes de Pop Corn. Tuve un sueño lúcido en el que yo era Kim.

En el sueño, celebraba el éxito de la portada con mis amados. Me sentía plena, pero también, experimenté el mal sabor de la crítica y el odio de los adversarios. De pronto, aún en trance, estaba en algún Talk Show.

La presentadora, me preguntó: Kim, hay una gran controversia en torno a la portada de Vogue. Muchos te critican; ¿qué piensas de ellos?

Miré directo a la cámara y contesté: “Entiendo que algunos se molesten por mi éxito. Me critican porque, según ellos, no tengo talento alguno para llegar a donde estoy. A mis enemigos les tengo un consejo: establezcan una meta incansable y síganla. Así, no sentirán tanto coraje ni envida cuando me vean triunfando”.